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Papeles de Antaño

Cada generación de lectores lee en su pasado; palabras vueltas a prender, papeles avivados, en suma, la invención de una tradición que no es sólo herencia sino también futuridad. Y la lectura, un acto, una contradanza en lo moviente de la creación, que también se inventa a sí misma. A ese horizonte mira la colección Papeles de Antaño; quiere ser la morada de aquellos libros escritos en esta tierra, en otro presente que torna: «Ogaño-Antaño-Ogaño; cuya llave supina entreabre cierta apropiación de lo antiguo con necesidad eternista, es decir, el ogaño enturbiado por el instante».

Papeles de Ogaño

Cada generación de lectores lee en su pasado; palabras vueltas a prender, papeles avivados, en suma, la invención de una tradición que no es sólo herencia sino también futuridad. Y la lectura, un acto, una contradanza en lo moviente de la creación, que también se inventa a sí misma. A ese horizonte mira la colección Papeles de Ogaño; quiere ser la morada de aquellos libros escritos en esta tierra, en este presente: «Ogaño-Antaño-Ogaño; cuya llave supina entreabre cierta apropiación de lo antiguo con necesidad eternista, es decir, el ogaño enturbiado por el instante».

Papeles de Argolla

Leemos para atravesar una argolla. Escribimos traspasándola. En esos dos movimientos se cifra un tercero: la traducción. Aun en lo más insondable, transitamos desde una palabra que va hacia otra palabra –desde un papel que va hacia otro papel–, y en el centro de esa argolla solo humo también.